En los bosques y corredores biológicos de Panamá habitan
algunos de los reguladores naturales más importantes del país: los felinos silvestres. Cada
primer sábado de marzo, celebramos el Día Nacional de los Felinos Silvestres, una fecha
que invita a comprender el papel estratégico que cumplen estas especies en la salud de los
ecosistemas.
El país alberga seis especies de felinos: jaguar, puma, ocelote, tigrillo, yaguarundí y oncilla.
Todas se encuentran bajo algún nivel de amenaza, principalmente por la pérdida y
fragmentación de sus hábitats, reducción de presas naturales y la presión humana sobre los
territorios donde históricamente han coexistido con otras especies.
Estos animales cumplen una función vital en el equilibrio ecológico, ya que regulan las
poblaciones de otras especies y contribuyen a mantener la estructura natural de los
ecosistemas. En el caso del jaguar, el mayor felino del continente, el conflicto con
actividades ganaderas continúa siendo uno de los principales factores de riesgo,
especialmente cuando ocurren ataques a animales domésticos.
Lissette Trejos, médico veterinario y coordinadora de la Clínica de Vida Silvestre del
Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE), indicó que, en este espacio se han recibido
felinos afectados directamente por actividades humanas, así como crías huérfanas
rescatadas en distintos contextos. Entre los ejemplares atendidos en los últimos meses se
registran cinco yaguarundíes, siete ocelotes, tres tigrillos, una cría de puma y un jaguar, este
último fallecido tras ser atropellado. Asimismo, el equipo técnico ha respondido a reportes
de afectaciones a aves de corral y terneros, presuntamente ocasionadas por felinos
silvestres, lo que evidencia los crecientes desafíos de coexistencia entre la fauna silvestre y
los paisajes productivos.
Estas interacciones forman parte de dinámicas que tienden a intensificarse cuando los
ecosistemas enfrentan presión por pérdida de hábitat, fragmentación del paisaje o
variabilidad climática del país incrementando el contacto entre la vida silvestre y las
actividades humanas.
La conservación de estos depredadores no depende únicamente de quienes administran las
áreas protegidas, sino también del compromiso de todos aquellos que comparten el
territorio con la vida silvestre. En regiones como Darién, Chepo y Coclé, ganaderos y
comunidades rurales han asumido un papel cada vez más activo en la implementación de
medidas que disminuyen los incidentes y fortalecen la convivencia con los felinos
silvestres.
